Hace rato que se viene hablando de robots y que se invierte en el desarrollo de diferentes dispositivos que hacen múltiples tareas. En la actualidad hay unos 25 millones de robots móviles en todo el mundo. En un futuro no tan lejano se proyecta una inserción más exponencial tanto en ambientes domésticos como industriales. «En los próximos 15 años, se estima que 4 de cada 10 personas van a ser reemplazadas por robots para realizar tareas repetitivas como cortar el pasto o cobrar productos en el cajero del supermercado», explica Joan Cwaik, innovador tecnológico, coordinador del Centro de Divulgación Tecnológica de la Facultad de Ingeniería de la UADE y asesor de la Asociación de Marketing Directo e Interactivo de Argentina (AMDIA).

Este año se comenzó a vivir con mayor intensidad lo que tiene que ver con realidad aumentada, virtual y mixta. Se empezaron a vender los cascos de realidad virtual de forma masiva y se desarrollaron más alternativas, en el marco del software, para poder vivir estas experiencias digitales que tienen múltiples usos. Además de emplearse en video juegos, la realidad virtual también se utiliza a nivel educativo y para tratar ciertas afecciones como fobias.

Por eso, no es alocado pensar que, en los próximos años, habrá más cascos de inmersión que pantallas de TV en los hogares. «Lo interesante de esto es que cambió la forma en que consumimos y generamos contenido. Se está modificando el lenguaje cinematográfico. Ahora, al relato hay que pensarlo en 360 grados y saber que en realidad virtual se estimulan diferentes sentidos. Si bien a lo que más se apela por ahora es a lo visual y auditivo, se van sumando dispositivos que incorporan sensores para el tacto, el olfato, etcétera. Creo que con el paso del tiempo se van a ir integrando todas estas opciones en un mismo equipo», analiza Cwaik.

Los drones y los autos autónomos re configuraron la forma en que se vive y mira la ciudad. La perspectiva y la forma de movilidad tomaron una nueva perspectiva. A eso hay que sumarle los sensores de automatización que se multiplican. «En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, se están colocando sensores en cloacas y desagües para medir qué cantidad de agua hay y así anticipar una inundación. Y hay proyectos para censar tachos de basuras y ver cuán lleno están», remarca el especialista.

Como todo lo que está relacionado a Internet de las Cosas, el objetivo es optimizar los procesos. En una ciudad inteligente se busca tener registro de cómo funcionan los servicios, las distintas instalaciones y así poder tomar mejores decisiones, reducir costos y prevenir problemas.